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Pecas Soriano

Córdoba Argentina

 

Carlos “Pecas” Soriano es médico especialista en Emergentología del Hospital de Urgencias de Córdoba y ex docente de la cátedra “Bioética” en la Universidad Nacional de Córdoba. Además de un gran poeta, es un médico que traduce su alma para “desarmonizar el silencio y el habitual equilibrio de las palabras cotidianas”. Radicado en Madrid en 2001, escribió “Llueve sobre el exilio”, reflejando la añoranza por su tierra. Vivió un año allí y regresó a Córdoba, nuevamente a los pasillos del Hospital de Urgencias, el lugar que eligió para vestirse de blanco y defender la salud como un poeta de este tiempo. Es médico desde hace 35 años y escribe poemas en el pizarrón de la sala de Terapia Intensiva para mitigar la soledad de los pacientes.

 

 

 

 

En cierta parte del mundo
amanece, como siempre.
Él despierta y se levanta.
Acomoda el rostro en agua.
Enciende sus ojos lentamente.
Le duelen los años del espejo.
Desayuna su angustia en el café.
Cubre su cuerpo ajeno
con la ropa de costumbre.
Se habla en voz alta sin oírse
y maldice unas palabras.
Se le hace tarde para la vida.
Sus piernas lo arrastran a la calle.
El mismo sol es otro.
Camina sin prisa
hacia donde nadie lo espera.
El mismo idioma es otro.
Apenas el asfalto lo sostiene.
Hunde sus piernas en el barro.
La raíz es un cielo extraviado.
Mientras tanto, llueve. Irremediablemente, llueve.
Llueve entre sus huesos. Llueve en la tristeza.
Debajo del árbol que crece en su pecho, llueve.
El lento gotear de la distancia le desborda la razón.
Lee un cartel en las puertas de su alma:
“Bienvenido a pasear
por el baldío de la muerte”.
P.S (de Llueve sobre el exilio) (2006)

+

Volver
es regresar a ciertos sitios
en donde apenas se movía el tiempo.
Días lentos que goteaban
desde la cima de los naranjos
-crecer era todo el problema-

Volver
es dar piedra libre al niño
que se quedó dormido
contando corderitos en el árbol.
Caminar por esas calles de entonces
calentar la tierra con los pies descalzos 
hasta que suban los duendes con el humo.

Volver
es comprender al corazón de las muñecas
cuidarlas a medida que se aniñan.

Subir a un barco
navegar aguas abajo por las calles
hasta que el papel se deshaga en una esquina.

+

Amiga 
Ven amiga, siéntate a mi lado,
está lloviendo, y esta lluvia mansa
agrava mi tristeza,
me pone agobiado y melancólico,
me envenena el alma y los sentidos, 
me vuelve vulnerable y apenada.
Hace frío y en mi casa no hay ventanas…
Ven amiga…¿estás cómoda?
escúchame entonces
¡quiero contarte el dolor
tan grande que me embarga!
Yo la amaba…..¿sabías? 
con mi sangre, con mi cuerpo,
con mi alma. 
Ella me enseñó a amarla,
me fue dando lecciones
que de a poco
se fueron convirtiendo
en posesiones redomadas
¡y cada día la amaba más amiga! 
Verla a él era ver al sol
Iluminando un amanecer en el mar,
o la luna brillando en su morada,
o a las mariposas 
revoloteando sobre un charco,
jugando entre ellas con el agua. 

Oírlo a ella era sentir que el aire
abría mis pulmones,
que una corriente pujaba
entre mis venas,
que la sangre fluía más aprisa
y el corazón gozoso se exaltaba. 
Sentirla, amiga, era sentir
un gran fuego en mis entrañas,
era respirar entrecortado por el jadeo
que producía mis ansias,
era desearla entre mis manos, 
en mi cuerpo y en mi alma. 
¡Yo la amaba amiga!,¡ ella me enseñaba…
recorría conmigo callejones inmensos
de salidas airadas,
escalaba mis montañas, sólo por el vértigo
que le producía llegar a la cumbre,
y cuando ahí llegaba… ah, amiga
¡cómo plantaba su bandera de llegada!
porque yo era su posesión, era su causa,
era su alumno, era su esclavo… 
Y de pronto amiga, dejó de enseñarme…
de decirme nada… y mi corazón
otrora jovial y venturoso
¡no podía entenderme consternado!
y me fui apagando lentamente,
hasta quedar en lo que hoy ves… 
¡desconsolada! 

¿Que si quiero vivir decís amiga? 
¡ya no me importa!
¿Que si quiero morir? 
¡si ya estoy muerto!

+

La memoria de las alas
por Pecas Soriano 

Hay pájaros
que andan caminando
con las alas distraídas
hasta que la memoria del aire
les susurra sus huellas.

Hay hombres
que andan viviendo
con las alas dormidas
hasta que un ángel con memoria de sol
les inventa el cielo.

A veces el hombre
es un pájaro
que ha perdido
la memoria de sus alas.

+

 Justo anoche tus ojos eran una sombra
Que se hundía en las rendijas del silencio
Hubiera jurado haberlos visto
Florecer en las alcantarillas del olvido
Juro haber visto la última muerte de mis alas
Colibríes heridos en las flores asombradas
Alondras sangrando bajo el techo de tus párpados
Juro que vi su amor deshojándose en la noche
Entre la niebla mineral de su mirada
Sus pupilas quietas en la punta de mi rostro
Juro que vi la luna resbalando en sus cabellos
Sus restitos de luz flotando entre mis sienes
La mañana era negra y era negro el infinito
Una estrella inerme agonizaba en mi pecho
Juro haber bebido hasta la última gota
Licores de ceniza de mis muertos queridos
Juro que todo esto que juro
Ha sido un sueño que murió hace segundos
Cuando clavaste tus ojos en mi centro.

 

 

 

 

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