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Salvador Eduardo García Yllescas

Mexico

 

 

 

 

 

 

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                                                                                                                                                                                                    En mi noche, en mi abrigo…

Sucede que aunque no lo sepas,

caminas y despiertas, mis horas plenas

y las que mueren desiertas,

y te acurrucas a mi lado

o sobre mi regazo y acomodas

el caudal de tu río castaño

que se desborda entre mis manos

y de juicios y pies entrelazados,

solemos escuchar el paso del tiempo,

atrapado entre tus y mis latidos.

Y en la luz de tus ojos, hallo las huellas,

de este aire tibio que respiro…

que enciende este fuego que se apaga en tí

y contigo…

que teje hilo a hilo un camino, 

desde el borde tu vientre hasta el mío…

que envuelve en un alivio, cada rincón

de un dolor sembrado en el olvido…

que guarda en el silencio,

el rocío de este nido.

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Tras tu silencio…

Si te miro…

un rayo de luz,

desvanece mi silencio.

Si te miro…

se me escapan los pasos,

de la noche hasta el alba.

Si te miro…

la dulzura de tus ojos, 

pisan cada borde de mi alma.

Si te miro…

el abrigo de tus ojos,

arremete el vacìo de mi espacio.

Si me quieres…

sin pensarlo, de tus labios

y tu encanto, sigo el rastro.

Si me quieres…

quiero el aire de tu aliento,

el sonido de tu pecho en mi oìdo recostado.

Si me quieres…

quiero el paso de tus manos por mi espalda

y el peso de tu cuerpo desbocado.

Si me quieres…

quiero noches con miles de estrellas

y cientos de lunas blancas, sin medida y sin tiempo.

Si te quiero…

solo ata el lazo de tus brazos

a mi cuello y dèjame atrapar tus bragas.

Si te quiero…

Y me lo adivinas en la voz

cuando te susurro al oìdo, quèdate conmigo.

 Si te quiero…

dèjame seguir el vuelo de tu falda,

y robar de tu vestido el fragor de tus ganas.

Si te quiero…

toma de este corazòn sus latidos,

y llèname de motivos los sentidos.

Y sin acaso todo este intento a la distancia,

aùn no te dice nada, seguiràn siendo necios

mi labios y el rumbo de mi olvido.

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La voz de tu mirada…

Cuando caes de pronto, en el aire de un recuerdo

que me trae la madrugada…

Cuando toda tù eres cascada que resbala por mi espalda

y eres cauce de mis versos…

Cuando eres fuego y ceniza de un deseo o de mi causa

y te llamo, con la voz de  mil palabras…

Cuando toco la esperanza de tus labios en mi cuerpo y es

tan solo un espejismo entre lo inmenso de la nada…

Cuando tiendo redes a los instantes que se roba la fugacidad

del tiempo y mis brazos se hacen agua…

Cuando la penumbra me acompaña y tu eterna compañìa

se hace todo lo que hay en mi alma…

Cuando todos los silencios son la bruma de un amanecer

desierto de tu abrigo y tu regazo…

…Nada puede ser màs cierto que decirte que ¡te quiero!

porque sè que vivo envuelto en el cobijo de tu mirada…

…que me sigue desde lejos con tus bellos ojos tiernos

mas sin decirme nada…

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Tu paso fugaz…

Advertì en tu mirada,

una luz y el milagro de existir…

 

Hoy hablò tu silencio y no pude evitar,

caminar por tu recuerdo y escucharte hablar…

 

…tu palabras en mi alma, robando mi respirar,

pregonaste tu invierno y pusiste a rodar,

por mi largo sendero, una eterna soledad,

las gotas de tu hielo se hicieron hiel en mì…

 

¡Que dura es la nostalgia, pisándole solo

con mi mitad y hechizo de tu paso fugaz!…

 

Aùn despierto creyendo que estàs junto a mì,

las mañanas son largas intentando olvidar…

 

…el milagro de saberte, el lìmite de este inmenso mar.

Suelen irse de prisa nuestros cuerpos al viento,

madrugadas sin final, nuestros cuerpos de fuego y,

sus cenizas plenas de paz, es amarga la ausencia…

 

¿A dònde se esconde la infinita belleza

de un adiós sin final?, ¿a dónde viran

los cielos azules que no son casualidad?

 

Nunca más pude hallarte en el tiempo,

ni tu puerto logrè volver a encontrar…

 

Hoy te llevo en mis alas y en el aire de mi libertad,

tu caricia en mi cuerpo y el caudal de mi manantial…

 
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La humedad de tu enagua…

En el sendero que se abre paso entre mi espalda,

con el filo lascivo de tu roja espada que todo anega,

que todo mi cuerpo de placer embriga, abre mis alas,

abrasa mi abrigo y toma uno a uno, todos mis suspiros,

los que viajan a travès de mi alma…

Toma de mi, el ùltimo aliento que se abra camino en tus entrañas

un sendero eterno sin hora, sin tiempo, viviendo en tus aras,

en tu almohada, en tus dìas, en tus noches, en tus…

…madrugadas, camino de tu aliento y el agua de tu enagua…

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¡Noche!..

De nuevo, ¡noche!, de lejanos horizontes,

de nudos y alas blancas en la voz…

De caminos entre las nostalgias,

de canciones y caras largas…

De ausencias en lo oscuro de los montes,

de valles plenos de locura y obsesión…

De fragmentos de huesos, sueños,

versos, carne y corazón…

De enormes arcas que atracan a mis espaldas,

para robarle el sueño a mi ilusión…

De veredas anchas y piernas flacas

que cruzan puertas y pisan plazas…

De aguas saladas y besos de mareas bravas

que ahogan de soledad el corazón…

De una luna que camina dando vueltas,

por todos los ojos que llenan el galope de mi razón…

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Principio…

Lejos se fueron quedando las huellas de un paso que amenazaba ser definitivo, a pesar de su súplicas él no volvió la vista atrás, el aliento comenzaba a abandonarle y prefirió correr antes de morir en el intento de correr, ya no hizo ningún intento por escuchar la voz de ella que al paso de la prisa se iba convirtiendo en un punto en el horizonte y en una herida permanente cuyo filo le atravesaba el pecho. El aire comenzó a faltarle y sus piernas temblaban, el paso se empezó a tornar pesado, con la pesadez que dan los recuerdos y la agonía que da el principio de una nostalgia inmediata.

Los ojos se le llenaron de lágrimas, no hallaba el sendero que antes creía haber encontrado, tanteaba dando tumbos aquí y allá, a cuestas, después de un tiempo, cargaba en la piel la sal del mar, el aire de las motañas, el sol del más allá, la bruma espesa del despertar inmerso en el madrigal, en el rostro agrietado escondía el frío de la sierra y los granos de arena del desierto. Incesante buscaba la ruta. Los años le pasaron la factura, con ellos, una mañana se vio solo, pero rodeado enteramente del brillo de una paz y la ilusión de un principio y una verdad hallada. A la mitad de un jardín pleno de flores e iluminado por los colores de un arcoiris halló un puente que sin pensarlo dos veces, se arriesgó a cruzar, del otro lado, una encrucijada le esperaba, más la fe le llenaba el alma y arriesgó de nuevo una oportunidad para “quemar, la última de sus naves” y volver a comenzar, la risa entonces le cruzó por completo y le devolvió de cuerpo y espíritu entero, la magia que solo puede traer consigo la felicidad.

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No soy un ángel…

 ¿Trabajar? – me dijo – ¡eso no va conmigo!, mira, de donde vengo las personas acostumbramos a regalar sonrisas.

- ¡Ah caray!, supongo que con ese oficio comen ¿no? – le dije ya bastante subidón de copas -.

 

Tomó mis manos, y acercó sus labios que en ese momento me parecieron tremendamente gruesos y sugerentes, en mi oído susurró dulcemente…

 

- ¡Eso es cosa que a tí no te importa!, ahora… ¿quieres bailar o vas a quedarte ahí sentadote, preguntón? – remató -.

 

La música era melosa y tranquila, puso sus manos en mi cuello y yo las mías en su cintura, tenía yo la barba metida en el pecho, con su nariz, ella busco mi nariz y subió mi mirada hasta sus ojos, me estacioné ahí un largo rato, mientras trataba de coordinar los pasos con la melodía. Descubrí que sus ojos eran azules y que sus párpados, tenían un tenue color melón, sí melón eso me parecieron quizá el efecto del alcohol me hizo pintarle de ese color, no solo los párpados sino también el corazón.

 

Nívea y clara, su piel comenzó a cambiar de color, se hizo intensamente roja y rodó por el largo de mis labios, su boca de algodón, sentí cómo en su bella frente un par de cuernos emanó, talló la palma de sus manos en las bolsas traseras de mi pantalón y de su boca el brillo de un deseo emanó…

 

- ¿Me regalas un beso? – me dijo -.

 

Las piernas comenzaron a temblarme y estoy seguro que comencé a mojar la camisa y mi pelo de sudor, los nervios me traicionaron y las palabras brillaron por su ausencia, lo mismo que mi voz…

 

- ¿No dices nada?, ¡el que calla otorga!, lo sabes ¿verdad? – advirtió -.

 

Solo pude asentir con la cabeza, cerré los ojos y ya brincaba loco, mi ingenuo corazón, “me voy a morir”, pensé. “Me va a fallar este cabezón”, me dije pensando en la taquicardia.

 

- ¿Qué dijiste? – preguntó ella -, eso es un ¿sí?

La pista se hizo fuego, olteralmente “fuego”, pues justo en ese momento, uno de los estrobos de la iluminación estalló, el caos fue general, pero ella tomó mi mano y si no fuera por la borrachera, creo que volamos del lugar y llegamos hasta la puerta de un auto deportivo de color carmín, un descapotable de ensueño. Con su mano derecha sobre su pecho y la izquierda en mi nuca, hasta su boca me llevó.

 

Marejada tras marejada de su dulce sabor, intenté separame un poco para tomar un breve respiro, pero fue inútil, ¿y los cuernos?, me acordé, entonces de golpe, me separé, solo para percatarme que no había tales o por lo menos no estaban en ese momento. Ella puso en marcha la maquinaria para ponerle el techo al auto y de un brinco hasta el cofre del auto saltó, de momento la radio del auto se encendió, con la música a tono, despacio una a una fue quitando las prendas de su ropa, al llegar el momento de dejar atrás la ropa interior, la espalda me dio, juro que no había visto cosa más linda en esta tierra de Dios. Aquello era magia, hechizo, ilusión, de pronto en un giro brusco, se volteó, los cuernos hicieron trizas mi sueño y mi emoción, no eran solo los cuernos sino el bigote y sus partes de hombre me enseñó, comenzó a burlarse con los ojos rojos de lujuria y un olor a azufre que válgame el señor. de para en par las puertas del averno me abrió, de cabeza a pies, el alcohol se me bajó y salí corriendo escuchando su cavernosa voz que a lo lejos se quedó.

 

Vergüenza, dolor de cabeza, ganas de estar muerto y aberración, tres días encerrado en casa y la magia de un ángel que en diablo se transformó, giran en mi interior.

 
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Cómo no te voy a querer…

Por Salvador Eduardo García Yllescas

Nuevamente volvieron a hacerlo, la Universidad Nacional Autónoma de México, consiguió su séptima estrella, el único equipo capaz de levantarse con un bicampeonato en torneos cortos, inagotable cantera de jugadores que después de dejar el nido, se han convertido en referentes importantes de otros equipos, el mismísimo Rafa Márquez Lugo y Jaime Lozano, son un ejemplo vivo de ello.

Sin hacer tanto ruido porque es bien cierto que la UNAM, no es el equipo más publicitado del Distrito Federal, los Pumas son una escuadra que ha ido consolidando la “grandeza de su espíritu”  en su afición con “hechos” y no con “glorias del pasado”. La fiel afición universitaria, puede hoy presumir de tener un equipo cuyos laureles, son muy recientes y se aúnan a los éxitos de equipos como: Toluca, Santos y Pachuca, instituciones que asumen con verdadera responsabilidad el reto de mantener una escuadra competitiva dentro del futbol de primera división de nuestro país y desde luego, en el caso de la Universidad Nacional, el reto de ser  semilleros de jugadores con “calidad” de exportación.

Hoy, la fiel afición Puma corona su fidelidad, la directiva ve premiado su esfuerzo de “jugársela con chavos” y dar una lección a todos aquellos directivos que no creen en ellos, Palencia ve sin duda la culminación de una carrera profesional “ejemplar” y muchos, muchos niños y jóvenes de nuestro país ven nacer su amor por el “azul y oro” del equipo que representa a nuestra máxima casa de estudios.

Por mucho tiempo sin duda, el “Olímpico Universitario”, nuestro viejo  estadio “México 68”; albergará corazones dispuestos a gritar desde el pebetero o cualquiera de sus tribunas: “cómo no te voy a querer”,  “cómo no te voy a querer”, cómo evitarlo, si hemos crecido viéndote ganar o perder, pero siempre dejando corazón y alma dentro de la cancha.

 

 

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Al asecho…

 

 

Al asecho…

Escuchando detrás de tu pared,

una y otra vez, el cauce de tu río,

deslumbrándome con el azul de tu destello,

cuando te miras tras de tu espejo…

Al asecho…

Manando bocanadas de deseo,

creyendo ir corriendo por el entorno,

que de norte a sur, envuelve tu cuerpo,

queriendo ser el aire que besa tus pies…

Al asecho…

Sin poder resignar este sueño necio,

de pretender ser el heredero,

del vuelo entero de tu pelo,

el paso eterno de tus besos plenos…

Al asecho…

¡Me guardo la agonía en el dolor!,

al pie de nuevo, de este inmenso abismo,

envuelto entre las hojas de papel,

necio intento de guardarte en mi recuerdo…

Al asecho…

Con más de un oído puesto,

al filo de tu ventana, ¡clandestino

y siniestro!, sin conciliar aún el sueño,

te digo estrofas que brotan de mi corazón…

Al asecho…

Perdido en el mar que en mí,

llenó tu cuerpo,  desnudo sin querer,

una verdad que me hace pedir auxilio,

y es que ya no puedo continuar negando…

…¡que por tí muere mi  corazón entero!

 

 

 

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Ahora ya lo sabes amor…

 

Ahora ya lo sabes amor…

ella es la voz de mis silencios,

la ausencia que llena mis recuerdos,

no es luz sino lucero inmenso…

 

Ahora ya lo sabes amor…

yo soy el dueño de sus azares y desalientos,

la herida de su dolor inmenso,

soy los pies descalzos, de su paso lento…

 

Ahora ya lo sabes amor…

ella es la princesa de mi cuento,

el aliento de esta voz a veces palabra,

otras tantas simples versos…

 

Ahora ya lo sabes amor…

mis manos no reconocen más huellas,

que aquellas que dibujan el sendero

pleno de su cuerpo…

 

Ahora ya lo sabes amor…

¡es cierto lo que piensas!

es ella el cielo azul intenso,

por el que viaja eternamente mi vuelo…

 

Ahora ya lo sabes amor…

ella es la obsesión que ronda

mi pensamiento, la primavera

que acaba el  frío de mi invierno…

 

Ahora ya lo sabes amor…

ella es la marea de mar adentro,

el cauce que recorre entero mi cuerpo,

es oleaje intenso de mi sentimientos…

 

Ahora ya lo sabes amor…

¡Ella es el motivo

tú, solo un recuerdo!

Con ella respiro, contigo yo muero…

 
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Casacada

Desde lo inmenso de una noche plena,

desde el vértice de un par de alas blancas,

desde el arco de la onda que al silencio propaga…

 

Desde el borde que pasea el agua del cauce,

desde el temblor de una brasa que nace,

desde el hueso y la carne de mi carne…

 

Desde la orilla que alienta al equilibrio,

desde lo clandestino de un beso prohibido,

desde el tenaz deseo del que nace…

 

Desde el amparo del alivio,

desde el andar vivo del aliento,

desde el matiz de un amargo silencio…

 

Desde el espacio entre tu beso y mi paso,

desde el abismo entre tu agua y mi valle,

desde la entraña que alberga mi sentimiento…

 

Desde las dos de tres palabras que me hacen eco,

desde el revuelo que con ellas haya en tu cuerpo,

desde aquí y siempre “aún te quiero”…

 

 

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